Los bosques de América Latina y el Caribe pueden contribuir a reducir las emisiones de carbono

viernes, 21 de octubre de 2016

La conversión neta de bosques en tierras de otros usos representa la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en América Latina y el Caribe, según el nuevo informe de la FAO, El estado mundial de la agricultura y la alimentación(SOFA, por sus siglas en inglés).
Según el SOFA, la actividad forestal representa el grueso del potencial de mitigación del cambio climático en América Latina.
Este potencial reside principalmente en la reducción de la deforestación, algo que se ve complicado por la expansión de los cultivos agrícolas y la ganadería, los sectores más importantes que impulsan la pérdida y degradación de los bosques a nivel regional.
A nivel global, la agricultura (incluyendo la silvicultura, la pesca y la ganadería) genera alrededor de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El nuevo informe de la FAO señala que las tres fuentes principales de emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura en 2014 en América Latina y el Caribe fueron la fermentación entérica -el gas producido en los sistemas digestivos de los rumiantes- (58 %), el estiércol dejado en pastizales (23 %) y los fertilizantes sintéticos (6 %).
Por ello, la FAO ha hecho un llamado global para que los gobiernos implementen transformaciones rápidas de los sistemas alimentarios y agrícolas para lidiar con el cambio climático, que deberán avanzar de la mano de los compromisos nacionales de erradicación del hambre y la pobreza.
Estas transformaciones incluyen prácticas como el uso eficiente de fertilizantes, la promoción de dietas que no estén basadas en productos de origen animal pues su producción ejerce una fuerte presión sobre los recursos naturales, la reducción de las pérdidas y desperdicios de alimentos, y el apoyo a los pequeños productores.
Posibles efectos del cambio climático en la región
El informe SOFA señala que el cambio climático afectará los cultivos y la ganadería de la región de diversas maneras. Si bien en las zonas templadas aumentará la productividad de la soja, el trigo y los pastos, la mayor sequedad de los suelos y el estrés térmico reducirían la productividad en las regiones tropicales y subtropicales.
Sumado a lo anterior, se espera una mayor salinización y desertificación en las zonas áridas de Chile y Brasil, mientras que la agricultura de secano en las zonas semiáridas enfrentará mayores pérdidas de cultivos.
La FAO también pronostica que el cambio climático disminuirá la producción primaria de pesca en el Pacífico tropical y algunas especies de peces se trasladarán hacia el sur. La mayor frecuencia de las tormentas, huracanes y ciclones perjudicará a la acuicultura y la pesca del Caribe, y los cambios en la temperatura pueden alterar la fisiología de las especies de peces de agua dulce y generar hundimiento de los sistemas de los arrecifes de coral.
En cuanto a los bosques, el informe SOFA destaca que en la Amazonía se verá un mayor riesgo de incendios frecuentes, una pérdida en la superficie de bosques y la conversión de estos terrenos en sabanas. En América Central, el cambio climático pone al 40 % de las especies de manglares en amenaza de extinción.
Cambio climático y lucha contra el hambre en América Latina y el Caribe
Un informe complementario al SOFA, Cambio Climático y Seguridad Alimentaria y Nutricional América Latina y el Caribe, publicado hoy por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, señala que el cambio climático puede afectar las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria y amenazar los grandes logros que ha logrado la región en su lucha contra el hambre y la pobreza.
El cambio climático puede afectar la estabilidad de la seguridad alimentaria debido a una mayor incertidumbre respecto al desempeño productivo de las actividades agrícolas, los ingresos de los hogares y los precios de los alimentos.
En el caso de la disponibilidad, el cambio climático puede afectar directamente la producción alimentaria, con la posible disminución de la cantidad física y variedad de alimentos disponibles. Shocks climáticos en grandes zonas productoras podrían tener severas implicancias en el comercio, llegando a afectar la oferta internacional de alimentos.
Asimismo, el cambio climático puede incidir en la dimensión de acceso de la seguridad alimentaria y nutricional, debido a que los ingresos que perciben las familias pueden variar si sus medios de vida dependen del sector agrícola, o si ocurre una baja en la demanda de mano de obra asalariada para las tareas agrícolas, repercutiendo en su capacidad de compra de alimentos.
El cambio climático puede incidir también en la dimensión de utilización, generando cambios importantes en las dietas de la población, por una oferta e ingesta alimentaria poco variada y alejada de patrones alimentarios saludables, lo que conllevaría consecuencias negativas en la nutrición.
Iniciativas regionales destacadas
El clima y la agricultura en la región no serán los mismos luego del cambio climático: los pronósticos indican que para fines del siglo XXI habrá una gran variación en el nivel de precipitaciones en Sudamérica, con cambios muy heterogéneos: mientras en la región del noreste de Brasil habría una reducción de un 22% en las precipitaciones, en la zona suroriente de Sudamérica se espera un incremento de un 25%.
Consciente de estos riesgos, prácticamente todos los países de la región ratificaron el Acuerdo de París, que entrará en vigor el próximo 4 de noviembre. Además, los gobiernos están integrando sus esfuerzos por acabar con el hambre con aquellos de mitigación y adaptación al cambio climático mediante iniciativas como el Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños 2025.
A nivel de los países, destacan iniciativas como el Sistema de Pago por Servicios Ambientales de Costa Rica, que entrega incentivos económicos a los propietarios de bosques y plantaciones que ofrezcan servicios de protección ambiental.
Otros proyectos similares son el Programa Socio Bosque de Ecuador y el Programa de Subvención a la Prima del Seguro Rural de Brasil, iniciativas que promueven la resiliencia de los pequeños agricultores en los ámbitos social, ambiental y económico, al disminuir la pobreza rural y favorecer la seguridad alimentaria de los productores al mejorar su acceso a los alimentos.
Fuente: visionagropecuaria.com

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