Agua pura

jueves, 23 de septiembre de 2010

“Nadie puede beber agua de un espejismo”
Han Shan

La importancia del debate sobre la defensa de los glaciares es crucial, aunque algunos gobernadores cordilleranos de la Argentina se empeñan en defender la minería y el agua pura. Algo tan absurdo como pretender que las mineras pongan en práctica una extracción del oro con unos sistemas más caros, menos redituables y menos contaminantes. Se podría pensar que los dueños de las empresas mineras son habitantes de otra galaxia, que no tienen familias y que el poder del dinero los hace inmunes a los desastres que producen.

Seguramente durante un tiempo la inmunidad la podrán adquirir, pero solo es aparente. Ahora no solo las mineras hacen peligrar la pureza del agua, “incluso en áreas donde existe agua de pozo segura para beber, la demanda en aumento de agua envasada está produciendo basura innecesaria y consumiendo grandes cantidades de energía", asegura un informe de la investigadora Emily Arnold, del Instituto de Políticas de la Tierra. Aunque en muchos lugares del mundo, incluyendo Europa y EEUU, existen regulaciones para controlar su calidad, el agua en botella puede costar hasta 10.000 veces más. Un galón de agua envasada en EEUU puede llegar a costar hasta 10 dólares (o sea, 2,64 dólares por litro), más del doble que la nafta.

"No se cuestiona que el agua potable limpia y barata sea esencial para la salud de nuestra comunidad global" –afirmó Arnold– "pero el agua envasada no es la respuesta en el mundo desarrollado, ni es la solución a los problemas de 1.100 millones de personas que carecen de un abastecimiento de agua segura. Ampliando y mejorando el tratamiento de aguas y el saneamiento de los sistemas existentes es más factible proporcionar fuentes seguras y sustentables de agua en el largo plazo".

Los países miembros de Naciones Unidas acordaron reducir a la mitad la proporción de gente que carece de acceso confiable y duradero al agua potable segura para el año 2015. Para alcanzar esta meta, habría que duplicar los 15 mil millones de dólares destinados cada año al abastecimiento y saneamiento del agua. Mientras que esta cantidad puede parecer enorme, empalidece en comparación a los 100 mil millones estimados como el gasto anual en agua envasada.

El agua potable nos llega a través de una infraestructura que gasta energía de manera económica, mientras que el agua envasada se transporta a distancias a menudo largas a través del territorio nacional, por barco, tren, avión y camiones. Esto implica quemar cantidades masivas de combustibles fósiles.

Por ejemplo, en 2004 sólo una compañía de Helsinki envió 1,4 millones de botellas de agua finlandesa embotellada a 4.345 kilómetros, a la Arabia Saudita. Y aunque el 94 por ciento del agua en botella vendida en EEUU se produce nacionalmente, muchos estadounidenses consumen agua importada de hasta 9.000 kilómetros, como Fiji, y otros lugares lejanos, para satisfacer la demanda de "agua envasada elegante y exótica".

El empaquetado del agua utiliza más combustibles fósiles. La mayoría de las botellas de agua se fabrican con terephothalate de polietileno, un plástico derivado del petróleo crudo. "Solamente la fabricación de botellas para resolver la demanda de los norteamericanos requiere anualmente más de 1,5 millones de barriles de petróleo, tanto como para aprovisionar de combustible a unos 100.000 automóviles de EEUU durante un año".

Una vez que se haya vaciado, la botella debe ser desechada. Según el Instituto de Reciclaje de Envases, el 86 por ciento de las botellas plásticas de agua usadas en EEUU se convierten en basura o relleno. La incineración de las botellas usadas genera subproductos tóxicos tales como el gas clorado y ceniza similar a las que contienen los metales pesados que ya causan bastantes problemas en la salud humana y animal. Las botellas de agua enterradas pueden tomar hasta 1.000 años para biodegradarse.

Fuente: Sergio Peralta, Los Barriales
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