Paradojas Balleneras

martes, 8 de junio de 2010

La moratoria sobre la caza comercial de ballenas puesta en marcha por la CBI en el año 1986 supuso un gran avance para la conservación de los grandes cetáceos y por extensión para la conservación de la vida en los océanos. Por ejemplo, países como Brasil, Chile,

Remí Parmentier Remí Parmentier

España y Perú albergaban hasta entonces factorías costeras para el despiece de ballenas que encargados japoneses mandaban hechas filetes a su país. Con la moratoria estos países se convirtieron al avistamiento no letal de ballenas con fines turísticos y científicos, actividad que beneficia de manera creciente al bienestar de sus habitantes en zonas costeras. Del Norte al Sur de América Latina, de Baja California a la Patagonia y pasando por amplias zonas del Caribe, el avistamiento de ballenas es un reclamo turístico de primer orden que permite afirmar que una ballena viva vale mucho más que una ballena muerta.

Sin embargo, aunque formalmente el Gobierno japonés haya aceptado la moratoria, sigue subvencionando su flota ballenera para mandarla cada verano al Océano Austral. Japón considera que el Artículo VIII del convenio internacional que rige la CBI, redactado en el año 1946, le permite cazar todas las ballenas que quiera si dice que lo hace con fines científicos. Desde hace dos décadas el Japón abusa de esta clausula para abastecerse de carne de ballenas pese a la prohibición, y a pesar de que desde hace mucho tiempo la demanda de carne de ballenas en el Japón ha ido bajando hasta niveles casi anecdóticos, exceptuando unas pocas comunidades que se abastecen de ballenas que viven en los alrededores. Mediante numerosas resoluciones, la CBI ha pedido repetidas veces a Japón que cese la cacería, pero ese país siempre ha hecho oídos sordos. Los países de América Latina, junto con Australia, Nueva Zelanda y África del Sur están particularmente enojados con Japón, ya que ese país se arroga el derecho a cazar en el Océano Austral ballenas importantes para las actividades de avistamiento cuando esos ejemplares se acercan a sus costas. La CBI se creó en el año 1946 para repartir cuotas de caza entre países balleneros con el fin de evitar conflictos entre ellos, pero hasta hoy los países miembros no han sabido cómo adaptar esta organización a nuevos tiempos para evitar el conflicto entre uso letal y uso no letal de las mismas poblaciones de ballenas.

En el hemisferio norte dónde operan dos países balleneros, Islandia y Noruega, la situación es algo distinta aunque permite también a estos dos países eludir el control de la CBI. Ambos argumentaron que el Artículo V del Convenio que rige la CBI les permite objetar a cualquier decisión si no están de acuerdo y continuar la caza diga lo que diga la CBI.

Paradoja ballenera 1: La moratoria representó un gran logro, pero los últimos países balleneros la aprovechan para escapar del control de la CBI.

Los sucesivos presidentes de la CBI han intentado resolver esta paradoja como podían, pero sin mucho éxito. Ahora, le toca el turno al Embajador chileno Cristian Maquieira, elegido presidente el año pasado. Para encontrar una salida, su predecesor puso en marcha en el año 2007 un proceso de negociación conocido como “proceso de paz ballenera” cuya finalización está programada este mes, en la reunión anual de la CBI en Marruecos.

En los últimos diez meses, un selecto grupo de países representando todas las sensibilidades e intereses contrapuestos se ha reunido formal e informalmente para tratar de encontrar la llave para restaurar la credibilidad de la CBI y asegurar su funcionamiento. La última reunión de este pequeño grupo tuvo lugar en la ciudad de Washington a finales de marzo. Pero ante la imposibilidad de encontrar soluciones para todos, y dado que el reglamento de la CBI requiere que toda propuesta de enmienda al reglamento de la CBI sea presentada por lo menos 60 días antes de la reunión anual (es decir, el 22 de abril), el grupo le pasó la papa caliente al Embajador Maquieira y a su Vice-Presidente. Ambos aceptaron el encargo de redactar un proyecto para cumplir con el plazo formal del 22 de abril, basándose en los distintos puntos de vista (a menudo contradictorios) expresados en dicho grupo.

Aún a sabiendas de que la papa caliente podía causarle fuertes quemaduras, Maquieira aceptó el reto, en medio de una gran expectación.

Los grandes rasgos de la propuesta de Maquieira no deberían haber causado ninguna sorpresa, ya que se basa más o menos en el guion discutido hasta la saciedad durante meses. La diferencia principal consistió en la inclusión de una tabla con el número de ballenas que – pese a la reconducción formal de la moratoria – se concedería a los países balleneros como excepción.

Paradoja ballenera 2: Para reforzar la moratoria, ¿Hay que abrir la veda?

El primer merito de la propuesta de Maquieira ha sido suscitar una unanimidad que casi nunca se había visto en el seno de la CBI. Desde las ONGs ambientalistas hasta los representantes de la industria ballenera, pasando por los países miembros de la CBI que se han expresado hasta ahora, todos (pro- y anti-caza, todos) han sido unánimes en expresar su oposición a la propuesta de Maquieira, tal y como está. Unos, como el Ministro de Pesca del Japón por ser demasiado restrictiva y proponer obstáculos que pondrían en tela de juicio la viabilidad de la cacería, especialmente en el Océano Austral. Otros, cómo el Primer Ministro australiano, el Ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda o la Secretaría de Medio Ambiente de México por asumir la política de hechos consumados del Japón con su caza científica unilateral.

En la introducción a su documento del 22 de abril, Maquieira y su Vice-Presidente escriben “para permitir una discusión continua, hemos puesto unas cifras ejemplo […] el único resultado inevitable de los números ejemplos es que cómo paquete a nadie les gustara por un motivo u otro, incluido a nosotros mismos. Figuran aquí solo para estimular las discusiones y negociaciones intensas necesarias antes de Agadir”. Según esto, el Embajador Maquieira ha abierto la caja de truenos con bastante lucidez. Queda por ver, sin embargo en qué estado se quedara la nave CBI después de esta tormenta perfecta, una vez que hayan vuelto las aguas a su cauce.

Paradoja Ballenera 3: Para calmar el juego, ¿hay que torcer el brazo de los jugadores?

Tres semanas después del inicio de la tormenta, sin esperar que las aguas vuelvan a su cauce, el Grupo Pew Medio Ambiente lanzó conjuntamente con Greenpeace y WWF una propuesta con las condiciones mínimas que debería contar un acuerdo para mantenerse el proceso de negociación.[1]

Nuestra propuesta tiene seis elementos esenciales. Sería un error querer un acuerdo a cualquier precio. Lograr el fin de la cacería en el Océano Austral, restringir el consumo de carne de ballena a las comunidades locales en los países dónde sigue la caza de una manera u otra, que cualquier captura sea controlada por la CBI y que se utilice su sistema revisado de gestión para establecer los límites de captura (unas normas científicas para asegurar la sostenibilidad, publicadas hace casi diez años), que ningún ejemplar de especies vulnerables sea capturado, que cese la llamada caza científica unilateral, y que todas las partes actúen de buena fe y se comprometan a no objetar a este acuerdo o cualquiera de sus elementos; si estos seis elementos están reunidos, creemos que se darían las condiciones para un acuerdo que significaría un avance para la conservación de las ballenas.

Es temprano aún para saber si los miembros de la CBI están preparados para recoger este chaleco salvavidas que les hemos lanzado mientras su nave amenaza con hundirse.

En la actualidad, Rémi Parmentier es Asesor del Grupo Pew Medio Ambiente www.pewenvironment.org y www.pewWhales.org.

[1] http://www.pewwhales.org/iwc-agadir/documents/ngostatementspanish.pdf

Sobre Rémi Parmentier

Fue miembro fundador de Greenpeace International (1979) y de varias organizaciones nacionales de Greenpeace, entre ellas Greenpeace Francia (1977), Greenpeace España (1984), el Proyecto Mediterráneo de Greenpeace Internacional (1986) y Greenpeace América Latina (1987).

Fue el responsable de una gran variedad de proyectos en nombre de Greenpeace. En la década de 1970, fue miembro de la tripulación de los primeros viajes legendarios del buque Rainbow Warrior. Ha realizado investigaciones de campo sobre temas medioambientales y nucleares en varios países y regiones, incluyendo Europa Occidental, Rusia, Norte y América Latina, el Pacífico Sur y Asia.

Se le considera el principal artífice de la prohibición en todo el mundo del vertimiento de desechos industriales y radiactivos en el mar, aprobada por las Partes en el Convenio de Londres en 1993, tras campaña de Greenpeace que se extendió por 15 años.

Fue miembro del equipo político de Greenpeace Internacional dede su creación en 1988, y el director de ese equipo durante varios años hasta que dejó este puesto para formar el Grupo Varda con Kelly Rigg en 2003. Desde 2007 es también Asesor del Grupo Pew Medio Ambiente.

Fuente: Efe Verde

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