Lo que tienes que saber en el Día del Árbol

lunes, 31 de mayo de 2010

El último domingo de mayo se celebra del Día del Arbol, ese fiel y silencioso compañero que nos brinda decenas de beneficios, y que pese a ello, muchas veces maltratamos y subvaloramos.


Originalmente, la "Fiesta del Arbol" se celebraba el 23 de mayo con carácter de obligatoriedad en todas las escuelas del país, de acuerdo con el decreto de Cipriano Castro del 10 de abril de 1905. En 1909 se trasladó la fecha al 15 de mayo. Tras haberse decretado el 29 de mayo de 1948 al Araguaney como Arbol Nacional, se tuvo inicialmente ese día como el Día del Arbol, pero la resolución de 1951 cambió esta celebración, creando la Semana del Arbol, tomando como Día central el último domingo del mes de mayo por razones prácticas.

Los árboles son seres importantes en la naturaleza: absorben el dióxido de carbono y lo transforma en substancias nutritivas para la misma planta y el resto de los seres vivos, liberan oxígeno y purifican el aire (fotosíntesis), airean la tierra con sus raíces, desempeñan una función vital en la regulación de los ciclos climáticos e hidrológicos, sirven de alimento y refugio a decenas de seres vivos, incluyendo a los humanos.

Los hay de todos los tamaños, formas y colores, pero con una característica común: nos ayudan a producir oxígeno y fijar carbono, un regalo de la naturaleza frente a los crecientes problemas ambientales de nuestro planeta, incluyendo al efecto invernadero.
Los árboles han sido testigos incondicionales de nuestra cultura e historia. Entre ellos, cabe destacar la Ceiba de San Francisco, en medio de la Avenida Universidad, frente a la iglesia del mismo nombre; el Samán de Catuche, cerca del Panteón Nacional, que cobijó a Andrés Bello en sus años estudiantiles; y el famoso Samán de Güere, el más conocido de todos, bajo cuya sombra bailaban nuestros indígenas, clamando por la lluvia en los tiempos de sequía, y que sirvió de inspiración a cientos de hombres y mujeres que han jurado paz y libertad para nuestro pueblo por varias décadas.

Pese a ello, muchos árboles son podados en forma severa, clavados como si se tratara de paredes listas para anunciar productos, pintados "ique" para adornar el paisaje y hasta cortados impunemente, "porque impiden el desarrollo de una obra o infraestructura".

De acuerdo con Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS y Jefe del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Metropolitana, “Al día, un ser humano consume en promedio al menos 10 metros cúbicos de aire”. Por su parte, “los árboles jóvenes y en pleno crecimiento, absorben y eliminan dióxido de carbono en una proporción de alrededor de 1,5 kg. por cada kg de su propio peso, y lo reemplazan por oxígeno en una cantidad equivalente” indica el Biólogo. Por lo anterior, de acuerdo con cálculos de VITALIS “se necesitan al menos 50 árboles jóvenes y sanos por cada ser humano para garantizar la calidad del aire en la tierra”. Sin embargo, ello dependería de la especie, la edad y el clima en el cual se desarrolle el árbol, pues ni todos los árboles consumen la misma cantidad de CO2 ni producen la misma cuantía de oxígeno

Si nos detuviéramos a conocer los múltiples beneficios que nos brindan los árboles, quizá detendríamos nuestras agresiones y fomentaríamos su desarrollo y conservación. Entre otras funciones, los árboles:

Absorben el dióxido de carbono, que es transformado en substancias nutritivas para la misma planta y el resto de los seres vivos

  • Liberan oxígeno como parte de la fotosíntesis

  • Con el crecimiento de sus raíces, airean la tierra

  • Purifican el aire y reducen el calentamiento de la tierra

  • Desempeñan una función vital en la regulación de los ciclos climáticos e hidrológicos

  • Sirven de alimento y refugio a decenas de seres vivos, incluyendo a los seres humanos

  • Fuente de madera para la construcción

  • Dependiendo de la especie, proveen frutas, caucho, corcho, tinturas, fibras, aceites y medicamentos

  • El látex se utiliza para fabricar neumáticos, tubos, prendas de vestir, goma y cola.

  • Símbolo de culturas y civilizaciones

  • Atractivo para el turismo y la recreación.

  • Proveen sombra en lugares de alta exposición solar.

Si cada uno de los habitantes de este país nos comprometiéramos a plantar un árbol cerca de nuestras casas, escuelas o lugares de trabajo, comprometiéndonos a velar por su cuidado y conservación, estaríamos garantizando al menos 25 millones de nuevos árboles que tanta falta le hacen a nuestro país. Pero eso si, en los lugares apropiados y con las especies adecuadas.

El Araguaney, árbol nacional de Venezuela

Con la hermosa frase La primavera de oro de los araguaney, Rómulo Gallegos identificaba la llegada de la primavera en los llanos y sabanas de Venezuela.

En el período de la floración todo el campo, los caminos de toda la geografía venezolana parecen rendir pleitesía a la belleza de este árbol que luce en el bosque, a lo largo de nuestros caminos, o en el interior de nuestras viviendas, como una diadema de oro. El araguaney se hizo emblema del pueblo venezolano.

Se distingue por una floración masiva luego de perder sus hojas por la sequía, durante los meses de febrero a abril. Todos los individuos suelen florecer al mismo tiempo, unos cuatro días después de una de las escasas lluvias que nos sorprenden en medio de la sequía. La floración masiva es muy atractiva para las distintas abejas que las polinizan y para los tucusitos y otras aves que le toman su néctar. Las semillas están maduras al comenzar las lluvias, lo que permite la germinación en un gran número de ellas.

Árboles Emblemáticos de Venezuela

De acuerdo con el Biólogo Jesús Hoyos, los siguientes árboles simbolizan y representan a diversas regiones de nuestro país:

Araguaney ( Tabebuia chrysantha ), Arbol Nacional de Venezuela

Cereipo ( Myrospermum frutescens ), Anzoátegui

Samán ( Pithecellobium saman ), Aragua

Merecure ( Licania pyrifolia ), Apure

Cedro ( Cedrela odorata ), Barinas

Sarrapia ( Dipteryx punctata ), Bolívar

Camoruco ( Sterculia apetala ), Carabobo

Apamate ( Tabebuia rosea ), Cojedes

Cuji-Yaque ( Prosopis juliflora ), Falcón

Palma Llanera ( Copernicia tectorum ), Guárico

Semeruco ( Malpighia glabra ), Lara

Bucare Ceibo ( Erythrina poeppigiana ), Mérida

Roso Blanco ( Brownea leucantha ), Miranda

Palma de Moriche ( Mauritia flexuosa ), Monagas

Guayacán ( Guaiacum officinale ), Nueva Esparta

Caoba ( Swietenia macrophylla ), Portuguesa

Roble ( Platymiscium diadelphum ), Sucre

Pino Criollo ( Prummopitys montana ), Táchira

Bucare Anauco ( Erythrina fusca ), Trujillo

Chaguaramo ( Roystonea venezuelana ), Yaracuy

Cocotero ( Cocos nucifera ), Zulia

Caucho Hevea ( Hevea benthamiana) , Amazonas

Mangle Rojo ( Rhisophora mangle ), Delta Amacuro

Ceiba ( Ceiba pentandra ), Distrito Metropolitano

¿ Árboles destructores?

Continuamente nos topamos en muchas ciudades con aceras destruidas y tuberías obstruidas por árboles que crecen sin control. Las razones que determinan esta situación son variadas, sin embargo, gran parte del problema radica en una inapropiada selección de las especies que pueden ser plantadas en las zonas urbanas.

Los árboles más adecuados para nuestras ciudades poseen un tallo recto, una copa piramidal o redondeada y una raíz profunda, a fin de que no levanten los pavimentos ni perjudiquen a los transeúntes. Asimismo, deben ser de crecimiento lento y con alta resistencia a la contaminación vehicular, para garantizar su durabilidad. Para las calles, Jesús Hoyos, conocido Botánico venezolano, recomienda plantar árboles tales como el Roble, el Pardillo y el Caobo de las Antillas, entre otros. Para las Avenidas, se sugiere el Pilón, el Granadillo y el Castaño, entre otros.

¿Cómo plantar un árbol?

Al momento de proceder a plantar un árbol, debemos asegurarnos que el material vegetal esté en buenas condiciones de vitalidad, sin indicios de enfermedades, ataques de plagas o daños mecánicos.

Se debe abrir un hoyo de diámetro y altura mayor al envase que la contiene. Se puede añadir algo de abono al lugar de la siembra, si se trata de suelos poco fértiles y se retira la planta del envase, cuidando no romper las raíces. Se introduce la planta en el hoyo, y se le agrega la tierra que se extrajo, mezclada con tierra abonada de la que venden en los viveros. En caso que sea necesario, se puede agregar un "tutor", una especie de vara que apoyará el crecimiento de la planta. Posteriormente, es regada, evitando el encharcamiento.
El cuidado del árbol debe proseguir en forma metódica y sistemática. Al menos, deben efectuarse inspecciones periódicas durante 60 días después de la plantación, con el fin de asegurar el riego complementario, hasta su arraigo definitivo y controlar las malezas y las plagas, entre otros aspectos.
 
Fuente: Vitalis

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