A propósito de la celebración por el Día Mundial del Derecho de los Animales

viernes, 9 de octubre de 2009

Manifestar amor por los animales, seres que habitan el planeta durante millones de años antes que nosotros y también brindarles protección contra el impacto que ejercemos hacia su derecho de vivir y existir dignamente en el mismo planeta que nosotros no puede ser una causa ejercida por un reducido sector de personas que por alguna determinada razón conocen y sienten más que otros pues que estamos violando sus derechos para poder satisfacer nuestro nivel de vida o por lo menos el de una mayoría.

Para los asambleístas, la gente apolitizada es la que parece tener la iniciativa sobre la protección de los animales quienes por tener mas recursos y mas tiempo, no es tomada en cuenta, y con esa ley medio aprobada que mas bien protege a los humanos de los animales con una cantidad de reglamentos y restricciones que solo sirven para sacarse de encima la responsabilidad de asumir con sensibilidad un problema que nos atañe a todos y todas como lo es el medio ambiente.

La contradicción es la de nuestra revolución humanista, que en lugar de asumir el problema fomenta el consumismo exacerbado, incrementando las importaciones de todo tipo de mercancía prescindible lo cual genera una situación incontrolable como el de la basura. Así mismo esa masa de consumistas exaltados genera animales realengos, despreciados, excluidos a causa de la importación y reproducción de animales de una determinada raza (o marca) para que hagan juego con la personalidad de quien los consume bien sea con fines domésticos o con fines de enriquecimiento en el caso de las hembras.

Esto ha traído en consecuencia que bandadas de perros convivan en la más sosegada impunidad en la calle, siempre a merced de lo que puedan encontrar para el sustento y amén de cuanta pulga, garrapata o sarna sus endebles estructuras puedan soportar y mientras tanto la solución no aparece. Los responsables de ello podrán “dormir” a cualquier reportero o representante de alguna que otra sociedad protectora de animales, pero hasta tanto nuestras calles no estén libres de esas infelices criaturas abandonadas a suerte y verdad, el problema no estará solucionado (Los perros en Cuba también tienen su día )

Se quiere presentar el problema de la protección de los animales como una cuestión frívola y no prioritaria como si se tratase de un grupo filantrópico que no tiene otra cosa que hacer y se recrea en ello. La subestimación tiene que ver con la dignidad del ser humano, con la sensibilidad y la indiferencia que atañe a las prioridades de un modelo que crea ciudadanos indiferentes, indolentes y para nada solidarios.

El gobierno solapadamente politiza el problema como si se tratara de una protesta política por parte de la oposición y termina castigando a todas las genuinas organizaciones y personas que han asumido este asunto de competencia estatal, con indiferencia y desprecio.

Así aparece nuestro soldado revolucionario y gobernador de Vargas con las manos ensangrentadas cortando orejas en un ruedo avalando los espectáculos de tortura hacia los animales mientras que los capitalistas acrecientan sus ganancias con la venta de aguardiente y la trata de animales.

El gobierno revolucionario tiene que prohibir la importación de animales domésticos de raza así como los criaderos de animales donde las madres son explotadas despiadadamente para el enriquecimiento a través de las ventas.

Si estamos en emergencia ecológica, ¿cómo podemos seguir ignorantes con temas tan determinantes por mas que sean soslayados por la gente común?, pero un gobierno que es la esperanza de salvar a la humanidad no puede pasar esto por debajo de la mesa, todas estas prácticas solo se pueden justificar bajos los cánones del capitalismo depredador.

Toda esta situación fomenta la visión exógena y seguimos con el doble mensaje. Estructuralmente se sigue jerarquizando la supremacía del dinero por encima de los valores . Venezuela necesita asumir el momento histórico, no olvidemos la frase de Mahatma Gandhi: “La grandeza de una nación se mide por el trato que sus habitantes brindan a los animales”.

Por: Camilo Cesarino

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